
Estoy leyendo Love + Sex with Robots, de David Levy, libro bastante pop (del que ya se habló alguna vez) que intenta probar por qué es seguro que tendremos relaciones sexuales y amorosas con robots en pocos años. Para el amor, el razonamiento es el siguiente:
-nos enamoramos de las personas gracias al apego, y fuertemente por similitudes
-mantenemos relaciones afectivas con mascotas
-tenemos relaciones emocionales con máquinas (autos, *bicicletas*, computadores)
-podemos enamorarnos de personas a las que nunca hemos visto (ya se sabe) y personas virtuales
entonces…¿cómo no vamos a poder enamorarnos de un robot, que podría responder como nadie a las cosas que nos interesan? y hacerse el misterioso? De cualquier manera, llevamos varios años de entrenamiento amoroso con cybernoviazgos ¿algunos de ellos habrán sido máquinas?
Y respecto al sexo… es necesario seguir? esta es la línea: disfrutamos del sexo por varias razones/somos capaces de pagar por él/tenemos entrenamiento con máquinas (vibradores, sex machines, sex dolls)… es sólo cosa de tiempo

Pablo Jiménez added these words on Aug 28 09 at 3:19 amBonito post. Sería poético y perturbador enamorarse en medio de un test de Turing. Aunque aún más jodido es aplicar un Voight-Kampf y enamorarse de la Nexus 6…
Pablo Jiménez added these words on Aug 28 09 at 3:28 am¡Mish! A propósito del test de Turing, Levy participó en una de las ediciones del Premio Loebner… Se va a la lista de pendientes el librito…
malayo added these words on Sep 08 09 at 9:25 amJaufré Rudel (s.XII) se enamoró de la condesa de Tripoli por lo que escuchaba decir a los peregrinos que volvían de tierra santa. Le compuso canciones hasta que decidió embarcarse a una cruzada, sólo por estar más cerca de ella. Contrajo una enfermedad durante el viaje, al acercarse a climas cálidos. Llegó moribundo a Tripoli. La condesa, que creo que se llamaba Melisenda, conocía su obra y acudió a verlo. Él agonizó en sus brazos y ella se hizo monja al día siguiente.
A ver si algún robot se hace una parecida.
Sobre mascotas: un perro en Moscú fue a esperar a su dueño (caído en combate en 1945) a la estación de trenes durante 13 años.
en todo caso, estoy de acuerdo en que el sexo con robots será inevitable.
Pablo Jiménez added these words on Sep 09 09 at 2:12 am¿Un perro en Moscú? Esa historia que mencionas se parece demasiado a lo que pasó con Hachiko en Tokio…
malayo added these words on Sep 10 09 at 5:56 pmla daban en un documental en Cuba en los 80′s. El perro se hizo popular por eso. Llegaba y esperaba hasta que el tranvía se iba. La gente lo saludaba.
:::corazón de látex::: » my second self added these words on Sep 18 09 at 11:21 pm[...] mucho mejor que el pop libro de Levy, es Second Self, de Sherry Turkle. Escrito en un prehistórico 1984, cuando quienes ocupaban [...]